
Si miro todo lo que atraviesa mi trabajo, mis obras, mis retratos y también la forma en la que acompaño a otras personas a través del arte, hay un hilo muy claro que une todo lo que hago:
el arte como herramienta de conciencia, autoconocimiento y empoderamiento.
Mi trabajo no nace solo de la necesidad de crear imágenes bonitas o técnicamente cuidadas.
Nace de algo mucho más profundo: de la necesidad de mirar hacia dentro, de entender lo que sentimos, de dar forma a lo que a veces no sabemos explicar con palabras.
Para mí, el arte no es solo una disciplina estética.
Es un espejo.
Un proceso.
Una forma de presencia.
Una manera de sostenernos.
A lo largo de mi camino, he ido entendiendo que crear también puede ser una forma de volver a una misma. De reconocerse. De validarse. De aprender a mirarse con más verdad y con menos juicio.
Y ahí es donde siento que mi obra conecta especialmente con las mujeres.
Muchas de las piezas que creo, y también mis retratos personalizados, hablan precisamente de eso:
del cuerpo como territorio emocional,
de la imagen propia como lugar de reconciliación,
de la sensibilidad como fuerza,
y del acto de mirarse sin violencia como una forma profunda de amor propio.
Me interesa un arte que no se quede en la superficie.
Un arte que no solo decore, sino que remueva.
Que acompañe.
Que deje huella.
También por eso siento la necesidad de hablar de conciencia más que de espiritualidad.
Porque para mí todo esto no tiene que ver con un discurso vacío ni con algo lejano o abstracto. Tiene que ver con estar presentes, con entendernos un poco más, con desarrollar una mirada más honesta hacia lo que somos y hacia todo lo que podemos llegar a ser.
El arte, vivido así, se convierte en una práctica profundamente transformadora.
No porque una obra vaya a cambiarte la vida de un día para otro.
Sino porque puede ayudarte a detenerte, a sentir, a recordar algo de ti que quizá habías olvidado.
Eso es lo que intento ofrecer con mi trabajo.
No solo obras.
No solo retratos.
No solo clases.
Intento ofrecer espacios, imágenes y procesos que ayuden a otras personas a conectar consigo mismas desde un lugar más íntimo, más real y más consciente.
En el fondo, todo lo que hago nace de la misma pregunta:
¿Cómo puede el arte ayudarnos a mirarnos de una forma más verdadera?
Y quizás esa sea también la base de todo mi trabajo:
convertir el arte en un acto de conciencia que transforme, aunque sea un poco, la forma en que una mujer se mira a sí misma.
Con cariño,
Nuria