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NuriaRecasensArt

Arte Constelador. Confesiones en el estudio

Arte Constelador

16 Jun

Por qué me considero una artista consteladora?

Hay momentos en el proceso creativo donde el lienzo deja de ser un trozo de tela y se convierte en un territorio sagrado. Llevo años utilizando la pintura como mi propia medicina, pero hace poco viví una revelación en mi estudio que me hizo comprender, por fin, el verdadero impacto de lo que ocurre cuando sostengo el pincel.

Siempre he sabido que el arte sana, pero ahora entiendo el cómo.

Hoy no vengo a hablarte de técnicas pictóricas, ni de luces ni de sombras. Vengo a compartir contigo una experiencia íntima que ha transformado por completo mi identidad creativa y la forma en que entiendo mi obra: el nacimiento de lo que hoy llamo Arte Constelador desde mi vivencia como artista consteladora.

Cuando el lienzo se convierte en un campo energético

La idea me asaltó de golpe mientras trabajaba en una de mis obras actuales. Me di cuenta de que, de manera inevitable, las emociones asociadas a lo que estaba pintando y el tema latente de la obra se estaban materializando, día a día, en mi propia realidad. No solo estaba creando un cuadro; estaba atravesando y experimentando aquello que retrataba.

Quienes conocen las Constelaciones Familiares saben que el proceso funciona porque se representa algo externo a uno mismo (una emoción, un sistema, un nudo) y, al entrar en relación con esa representación, algo profundo se mueve internamente de forma no premeditada.

Como artista emocional, he descubierto que mi proceso pictórico sigue exactamente la misma mecánica, pero de una manera más íntima, lenta e inconsciente: el lienzo es el campo donde lo invisible sale a la luz.

¿Cómo entro en este campo emocional? Todo empieza en el caos fértil de una nueva obra. Me abro por completo a la intuición y empiezo a seleccionar referencias fotográficas de forma puramente visceral. No busco imágenes con lógica, no intento racionalizarlas ni ponerles etiquetas o palabras. Solo me dejo llevar por lo que me transmiten, por lo que vibra en mi cuerpo. Al elegir desde este estado de apertura absoluta, permito que emerjan hilos de mi mundo interno y de mi inconsciente que aún no era capaz de nombrar.

Durante el proceso de creación, es donde el viaje se vuelve intenso. Mientras el cuadro se desarrolla en el estudio (un proceso que puede durar semanas o meses), yo quedo completamente inmersa en esa energía en mi día a día. Experimento el tema en mi realidad, lo vivo, lo transito y lo lloro si es necesario.

Es al terminar la obra que el proceso concluye y cuando el cuadro me desvela su secreto.
Solo al final entiendo de qué hablaba realmente y le pongo un título. Lo que comenzó como un impulso ciego, termina con un nombre, un lugar digno fuera de mi cuerpo y una profunda transmutación.

Dejar de ser el incendio para observar el fuego

La psicología transpersonal y el arte terapéutico coinciden en algo vital: lo creativo no es solo expresión, es regulación emocional. Cuando estás fusionada con un bloqueo o un dolor, estás atrapada dentro de él. Pero cuando eres capaz de plasmarlo, tu posición cambia.

Pasas de ser la emoción a observarla. El dolor o la incertidumbre no desaparecen mágicamente, pero la relación que tienes con ellos se modifica por completo. El lienzo sostiene lo que tu cuerpo ya no tiene por qué cargar.

Esta es mi realidad hoy en el estudio. No pinto para crear imágenes «bonitas» que decoren paredes; pinto porque el arte es mi herramienta de autoconocimiento y ordenamiento interno. El cuadro es una extensión de mi alma que me devuelve una imagen sanada y ordenada de mí misma, devolviéndome el alineamiento con mi propio poder.

Así que a día de hoy puedo constatar que soy una artista consteladora, porque he aprendido a ver mi arte como un proceso de representación que me permite vivir, integrar y liberar lo que aún no he podido decir con palabras.
Y este viaje no ha hecho más que empezar.

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